Portugal lleva casi dos décadas trabajando en un proceso de transición desde un arcaico modelo policial «reactivo» —«al servicio de la defensa de un Estado soberano»—, hacia uno que concibe la función policial como «servicio público para la comunidad», basado en el «policiamiento de proximidad».
Aunque ha logrado avances importantes, como la creación en sus estaciones de policía de «equipos de escuela segura y de apoyo a víctimas», el proyecto reformista, en general, ha sido «lento, poco claro y tiene pocas exigencias de responsabilidad en su implementación».
Tal es la conclusión de Susana Durão, investigadora de la Universidad de Lisboa, en «Policiamiento y proximidad: experiencias en Portugal», ensayo número 22 de nuestra serie Insyde en la Sociedad Civil [octubre, 2011], y donde explica que «en tanto las propias instituciones no sean más ambiciosas y efectivas en sus reformas, difícilmente el policiamiento de proximidad será llevado en serio para los ciudadanos».