Las familias de personas desaparecidas «viven en un limbo durante años o incluso décadas», lo que no solo les impide «pasar página» y «hacer el duelo como es debido» —cuando se sospecha que el familiar desaparecido ha muerto—, sino que con frecuencia se ven abrumadas por un interminable papeleo administrativo.
Y no obstante este «sufrimiento indecible» y «el impacto en la vida diaria y las perspectivas a largo plazo de comunidades enteras», estas desapariciones «siguen siendo ignoradas», advierte en un comunicado de prensa el Comité Internacional de la Cruz Roja [CICR] [agosto 26, 2011].
A propósito del Día Internacional de los Desaparecidos [agosto 30], el CICR llama al mundo a «comprometerse con un mayor esfuerzo para satisfacer las necesidades económicas, psicológicas, sociales y jurídicas de cientos de miles de familias de desaparecidos».
Explica que «resolver estos casos puede ser tardado y complicado», pero el proceso se agiliza si existe «una firme voluntad política y un alto grado de responsabilidad de los ciudadanos hacia las familias de los desaparecidos».
También recuerda a los gobiernos que, según el Derecho Internacional, «tienen la obligación de implementar todas las medidas para dar con las personas desaparecidas y facilitar a las familias toda la información que obtengan», y los exhorta a ratificar y aplicar la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.