El régimen calderonista la promueve como «Guerra contra las drogas». No es algo original. Así se llamó antes en Estados Unidos y así se ha llamado en el contexto de la Estrategia Andina o el Plan Colombia a la estrategia pública anti-drogas ilegales bajo el paradigma de combate estadounidense, que privilegia la criminalización del consumo y la reacción militarizada sobre cualquiera otra. Puro populismo punitivo.
Muchos mexicanos nos sentimos secuestrados por una retórica guerrerista que sin embargo preserva las estructuras criminales y permite que, de acuerdo con las dos versiones recientes del Informe Mundial sobre las Drogas (Naciones Unidas), el mercado de mariguana, cocaína y sustancias de tipo metanfetamínico en Estados Unidos sea estable en términos de disponibilidad y precio, y que sólo varíe de acuerdo con las preferencias de los consumidores.
Les compartimos «La nueva estrategia mundial contra la droga», el ensayo de Raymond Kendall y Jorrit Kamminga, dos voces autorizadas sin duda, que nos hablan de la estrategia que se impone en la Unión Europea a partir del «Plan de Acción (2009-2012)» y que es menos costosa, pero sobre todo se basa «en la implantación de unas políticas pragmáticas y eficaces, de base científica, en un intento de aproximarse a una estrategia antidroga más humanitaria y centrada en la salud».
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