«¿Por qué crear observatorios ciudadanos? ¿Qué nos salió mal y entonces tuvimos que crearlos? ¿O es, más bien, que no ha salido nada mal y simplemente es la evolución de un proceso?», eran las interrogantes que planteaba Ernesto López Portillo Vargas, director ejecutivo de Insyde, durante el Taller Internacional de Observatorios Ciudadanos de la Seguridad y la Violencia [2008]. A su vez, Ana Laura Magaloni, del CIDE, se cuestionaba: «¿Qué hace de un observatorio un órgano legítimo? ¿Por qué se convierten éstos en un actor de referencia y por qué no?».
Hace apenas dos años las dudas eran muchas, pues, como afirmaba Marcelo Bergman, del CIDE, en México se estaba «abriendo surco» en el tema de los observatorios ciudadanos de la seguridad y la violencia. No existían referentes.
Hoy, luego de un trabajo persistente de su Oficina de Investigación y Reforma Policial (OPIRP), Insyde cuenta con su propio modelo para el diseño e implementación de estos instrumentos de observación ciudadana, que ha comenzado a instrumentar en Naucalpan (Estado de México), la zona metropolitana de la ciudad de Oaxaca y Papantla (Veracruz).
Si bien el objetivo es uno: conocer los niveles de violencia, evaluar los sistemas de seguridad y monitorear e incidir en políticas públicas, los procesos metodológicos se han adaptado a las características específicas de cada localidad. Al respecto, uno de los puntos clave a nivel de de las comunidades, explica Edgar Baltazar, investigador de la OIRP, es «lograr que interioricen el concepto de ‘seguridad ciudadana’ y asimilen el Observatorio como un agente de convivencia, dejando atrás la concepción de ‘seguridad pública’, con la policía como eje central».
Entre las directrices del modelo de Insyde está la de constituir el observatorio como organismo autónomo, conducido por una junta de gobierno a cargo de académicos, líderes de la sociedad civil, periodistas, empresarios y funcionarios públicos (estos últimos sólo como observadores), y basado en sistemas técnicos de información sobre victimización y percepción de inseguridad.
En los casos de Oaxaca y Naucalpan, Insyde ha concluido la fase de diagnóstico, encontrando, por ejemplo, que la desconfianza de los ciudadanos hacia las autoridades de todos los niveles es un común denominador. Sobre la percepción de inseguridad, añade Edgar Baltazar, «no se tiene clara la diferencia entre delitos y faltas administrativas, lo que provoca que las personas tipifiquen como delincuencia el daño a los espacios públicos, por ejemplo, y se sientan más inseguras».
El siguiente paso en estas dos localidades será diseñar un plan de trabajo y un manual de procedimientos sobre el perfil del equipo que integrará los observatorios. Lo que hace dos años se caracterizaba por lagunas de conocimiento, dudas e incertidumbre hoy se materializa bajo el liderazgo de nuestro Instituto.
Grupo de enfoque en Naucalpan.