María Eugenia Suárez de Garay
Me descubrí leyendo Fuego Cruzado con los labios apretados, el cuerpo tenso y el alma en vilo. No podía ser de otra manera. Hoy nuestra humanidad parece no plantearse ya más que aquellos problemas que es incapaz de resolver. Tiempo de tinieblas, parece anunciar Marcela Turati, donde los hechos no revelan por sí solos su sentido y donde el destino personal sí cuenta a la hora que se elije un punto de vista para reflexionar sobre la historia que hoy se está escribiendo de este México convulsionado.
No es sólo la mirada de una periodista, sino la de una andante que se cruza con la de diversísimos testigos afectados por una guerra que no parecen haber pedido. Destinos individuales, fuertemente e inolvidablemente marcados por el autoritarismo y por la más brutal de las anomias. Hablando en plata pura; no es que los niños, niñas, mujeres y hombres de los que hace referencia la autora sean muy diferentes a los que vemos diariamente en los lugares por los que circulamos. No son héroes, ni santos, ni buenos, ni malos: son personas falibles como usted y como yo. La diferencia es que siguieron un itinerario dramático: todos participaron de esa orgía colectiva en la que se ha venido convirtiendo la muerte violenta en nuestro país.
* Este texto fue preparado para la presentación del libro de Marcela Turati, Fuego Cruzado. Las víctimas atrapadas en la guerra del Narco (Grijalbo, México, 2011), organizada por la Federación de Estudiantes Universitarios en el Centro Universitario de La Ciénaga, Universidad de Guadalajara, Ocotlán, Jalisco.