El 12 de enero de 2010, alrededor de las 5:00 pm, sobrevino una de las mayores tragedias en la historia del mundo: el terremoto de Haití, que cobró la vida de al menos 230,000 personas, dejó sin techo a 1.3 millones y produjo daños materiales por 7.900 millones de dólares, equivalentes al 120% de PIB de ese país.
Antes de eso, Haití era ya el país más pobre del Hemisferio occidental, de modo que tras la contingencia mostró una incapacidad estructural para emprender la recuperación, de modo que la tragedia parece lejos de terminar.
El balance es desolador, a pesar de la gran ayuda internacional que hasta el momento alcanza «la mitad de los 5.300 millones de dólares comprometidos por los donantes para los próximos dos años», afirma el enviado especial del Banco Mundial a Haití, Alexandre Abrante, en un artículo publicado por El País [enero 11, 2011].
Las cifras de avances durante el año transcurrido revelan que 800,000 personas aún siguen viviendo en tiendas de campaña y que de ellas, 500,000 son niños expuestos a situaciones de explotación y maltrato, según Save the Children.
El brote de cólera registrado en octubre [2010] recrudeció la precaria situación de los haitianos y ha provocado ya la muerte de 3.651 personas, en tanto que otras 171.304 están infectadas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.
Otro de los problemas fundamentales es la incompetencia del gobierno para actuar rápida y eficazmente ante estas contingencias. Alexandre Abrante asegura en su artículo que el hecho de que los haitianos puedan «confiar en los resultados del proceso electoral […] garantizaría la estabilidad […y fomentará…] un mayor apoyo internacional y del sector privado.»
El trabajo conjunto y ordenado es la base en la que deben descansar todos los esfuerzos y proyectos para reconstruir este país en 2011 y años siguientes, pero también es crucial que las promesas del mundo desarrollado para el salvamento de Haití se cumplan.
Algunas de las organizaciones que hasta ahora han protagonizado la reconstrucción de Haití son: