El mimo, el filósofo, el dibujante. El poeta, el actor, el dramaturgo. Alejandro Jodorowsky se ha columpiado en casi todo el ramaje de las artes, muchas veces tras la figura del genio incomprendido. Para entrarle al mundo del psicomago, Enrique Bouchot nos recomienda la película Fando y Lis [México, 1967], basada en la obra teatral homónima de Fernando Arrabal, y fundadora del célebre «movimiento pánico», una mezcla de humor y terror.
Se trata de un viaje a la locura, sin un hilo argumental específico, y repleto de escenas desconcertantes que invitan a la interpretación. Imaginemos una secuencia: Fando, el protagonista, deambula por un desierto frío empujando en un carrito a Lis, su compañera paralítica. Se dirigen a Tar, una especie de paraíso terrenal, aunque en realidad se trate de un viaje a ninguna parte.
Bajo la premisa muy a la Jodorowsky de que «todo exceso es genial», la cinta avanza entre silencios interminables, imágenes provocadoras y diálogos escatológicos. Fue tal el desconcierto que causó en 1968, cuando se estrenó en el Festival Internacional de Cine ─en Acapulco─, que los medios acusaron a Jodorowsky de «escandalizar y acumular porquería y ofensas a la dignidad del propio público», según publicó Excélsior, calificando a la película como «negativa desde que empieza hasta que termina, porque tal fue el propósito de un hombre que no puede conformarse con lo natural, con la normalidad de las cosas».
Consíguela y vete de viaje el fin de semana con Jodorowsky.