Lucia Santa Angeluzzi Corbo era una mujer de negro, con la fidelidad y la boca selladas con fuego. A diferencia de los migrantes italianos que llegaron a Estados Unidos en los años veinte y enloquecieron por no poder soportar la presión de la nueva tierra, las mujeres jamás se quebraron. Para Lucia, como para todas ellas, no había obligación más sagrada que la familia, sobre la patria, el dinero o la iglesia. Con el matterello (palo para amasar) en mano, lo mismo preparaba pasta asciutta que dictaba órdenes claras. Al final de la tarde, con los hijos a salvo en casa, ofrecía una mesa con salchichas, pimientos, pizza, ravioli con salsa de tomate, buen vino rojo y helado de limón o naranja. Quizás una charla final con café y pan rociado con vinagre, aceite de olivo y sal. En resumen, esto es lo que refiere Mario Puzo, en La Mamma [Grijalbo, Barcelona, 1971].
Esta tradicionalidad, precisamente, se respira en Spiritello, restaurante al sur de la ciudad que ofrece comida italiana en un ambiente rústico y cálido, muy familiar. Con más de nueve años de experiencia y la atención de sus propietarios, este lugar «es perfecto para una comida familiar o con los amigos, pero igual resulta ideal para una cena en pareja», antoja Adriana Armas.
Como es común en los restaurantes italianos, en Spiritello sirven porciones abundantes, la idea es que los platillos se coloquen al centro de la mesa y se compartan. Pero lo que nadie debe perderse, según Adriana, son las pizzas.
El restaurante se encuentra en Castor 4810, en la colonia Prados de Coyoacán, y abre de lunes a sábado, de 13:00 a 20:00 horas. El consumo promedio por persona es de 250 pesos.
Anímate, come rico y siéntete como en la mesa de los Corleone, pero en santa paz.