«Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar». «No es personal, Sonny. Son estrictamente negocios». «Algún día —y puede que ese día nunca llegue— te necesitaré para que me hagas un favor. Pero hasta ese momento, acepta mi amistad como regalo». Las frases pertecenen ya al imaginario colectivo. El Padrino, la película de Francis Ford Coppola basada en la novela de Mario Puzo, resultó ganadora de la lista de las 100 películas que cambiaron la vida de 100 artistas del cine hispanoamericano, publicada en El País Semanal.
¿Sorpesivo? Un tanto. Sobre todo si consideramos que este tipo de rankings habían estado dominados desde siempre por Ciudadano Kane y El acorazado Potemkin, cintas «de culto» que los críticos elevaban casi a la perfección por su innovación en el manejo de la fotografía y secuencias que juegan en el tiempo.
El director español José Luis Cuerda encuentra una posible explicación: «Lo que ha cambiado es el criterio, porque las películas siguen siendo las mismas. Ahí están, tan frescas y atractivas. ¿Qué tal ha resistido tal película el paso del tiempo? En realidad, podríamos preguntarnos ¿qué tal he resistido yo mismo el paso del tiempo? ¿En qué han cambiado mis gustos?».
Una probada del Top 100: de Billy Wilder se colocan tres cintas entre las primeras once, con El Apartamento en segundo lugar del ranking general. Lo que el viento se llevó, multilaureada en otros tiempos, cae hasta el séptimo de la lista. De Buñuel se cuelan dos películas entre las primeras quince y Hitchcock aparece hasta la posición 16, con Vértigo. Truffaut y Scorsese sólo figuran después de las 25 primeras. ¿Chaplin? Hasta el lugar 35. El humor negro de los hermanos Coen, en Fargo, cierra la lista.