En 1835, un joven francés de 20 años asesinó a su madre y a sus dos hermanos, protagonizando un suceso de enorme relevancia entre la sociedad gala. Más de un siglo después, Michel Foucault compiló y ordenó cientos de documentos legales y periodísticos para reconstruir el caso, buscando «revelar cómo un crimen es manipulado, tergiversado e interpretado por los distintos lenguajes que codifican la opinión pública: jurídico, médico, policial y periodístico».
Así escribió en Yo, Pierre Riviere, habiendo asesinado a mi madre, a mi hermana, a mi hermano… [Tusquets, 2010], libro que recomienda Enrique Bouchot, investigador de la DIAP.
Enrique considera que esta obra adquiere relevancia «sobre todo en este contexto nuestro de implementación de la reforma al sistema de justicia penal y con todo el debate que se ha desatado en torno a la presunción de inocencia y los juicios mediáticos».
Tal como hoy, en el caso de Pierre Riviere «desde todos los lenguajes se le dicta una sentencia moral previa a la judicial, porque se crean argumentos sobre la moralidad del sujeto, no sobre los hechos, o sea, sobre si es o no el asesino».
De ese modo, concluye, Foucault nos presenta —sin dar un solo punto de vista, sino ordenando cronológicamente los hechos— «una visión donde se juzga a la persona, no al acto que cometió, lo que está muy relacionado con nuestros medios y nuestros ministerios públicos, que estigmatizan a personas antes de que sean juzgadas y encontradas culpables».