Compré Lo que se siente pensar. O la cultura como psicología, de Pablo Fernández Christlieb [Taurus, 2011], tras encontrarlo entre un montón de panfletos de superación personal, de autores como Gaby Vargas y Yordi Rosado. Su portada cursi y su título comercial esconden, en realidad, un erudito y ameno tratado de psicología colectiva.
Se trata de un libro no apto para amantes de los consejos de autoayuda ni para los psicólogos positivistas (en todas sus variantes, que van desde el estudio del estímulo-respuesta asocial hasta la medición de actitudes de sujetos-encuesta).
Reprochando la separación que hizo la ciencia de la conducta entre el pensar y el sentir, Pablo Fernández trabaja conceptos psicológicos clave desde una perspectiva cultural, es decir, conceptos exteriores a la individualidad; nociones que adquieren sentido en el plano colectivo, tales como «pensamiento», «sentimiento», «conciencia», «percepción», «sensibilidad» e «inteligencia».
En cambio, entendiendo que la cultura no separa el pensar del sentir, Fernández entiende la interacción como el factor constituyente de la realidad social. Una realidad en la que internarse en la profundidad de las cosas implica sentir lo que se piensa. Al hacerlo, es posible desentenderse un poco de la vida, lo cual constituye para el autor el sentido primigenio de la conciencia.
Por si fuera poco ese rescate cultural de la conciencia, que causaría el desmayo a más de un conductista, Fernández polemiza con otro concepto en disputa: la «percepción», entendida como el momento que separa al sujeto del objeto. Los pensamientos son entonces percepciones que se logran al ver lo lejano sin tocarlo. «No poder poner las cosas en palabras es sentirlas», apunta.
Este libro es una invitación a la sensibilidad, si por esta entendemos la capacidad de percatarse de lo imperceptible, de lo etéreo. Nos invita a descubrir lo que se siente pensar, a creer en un mundo posible: «Las únicas verdades que tenemos son las que nos creemos, y eso es la cultura».
Empleando los términos del autor, esta obra no existiría sin alguien que se la creyese. La invitación de este libro culto es asomarse a la psicología cotidiana, no individualista, que configura un mundo colectivo pensado por los unos y compartido por todos.