En solidaridad con ellos, unos días más tarde, el 28 de mayo, Benenson publicó en aquel mismo medio el artículo «The Forgotten Prisoners» [«Los prisioneros olvidados»], y de algún modo ese día nació Amnistía Internacional [AI].
El semanario recibió cientos de cartas de apoyo a los estudiantes y denunciando otros casos similares. A su vez, Benenson comenzó a mantener contacto con activistas de Inglaterra, Irlanda, Bélgica, Alemania, Suiza y Estados Unidos, con los que dos meses después, en julio, se reunió en Londres para «establecer un movimiento internacional permanente en pro de la defensa de la libertad de opinión y religión».
Este mes, al cumplir 50 años, AI es una organización global con más de 3 millones de miembros en 152 países, y de acuerdo con su Website, persigue que «todas las personas disfruten de todos los derechos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y otras normas internacionales de derechos humanos».
Entre sus líneas de acción destacan las de «poner fin a la violencia contra las mujeres», «defender los derechos y la dignidad de las personas atrapadas en la pobreza», «abolir la pena de muerte», «oponernos a la tortura y combatir el terror con la justicia», «conseguir la libertad de los presos y presas de conciencia», «proteger los derechos de las personas refugiadas y migrantes» y «regular el comercio internacional de armas».
Sus estrategias de protesta van de las movilizaciones callejeras y las vigilias, a campañas virtuales y conciertos de sensibilización.
A la fecha ha atendido más de 430 casos específicos de violaciones a derechos humanos en todo el mundo y desde 1976 publica su temido Informe anual sobre la situación de los derechos humanos. En su edición de 2011, Salil Shetty, secretario general de AI, apunta que hoy, «50 años después de que la vela empezara a arrojar luz sobre la represión, la revolución de los derechos humanos se encuentra en el umbral de un cambio histórico».
Explica que hoy «la gente rechaza el miedo; gente valerosa, encabezada sobre todo por jóvenes, se alza y protesta ante las balas, los golpes, el gas lacrimógeno y los tanques. Esta valentía —combinada con la nueva tecnología que está ayudando a los activistas a avanzar y exponer la represión gubernamental de la libertad de expresión y del derecho de manifestación pacífica— transmite a los gobiernos represivos la señal de que sus días están contados».
Sobre el balance a medio siglo de trabajo, Shetty concluye que «en los 50 años transcurridos desde que AI nació para proteger los derechos de las personas detenidas por sus opiniones pacíficas, ha habido una revolución de derechos humanos. La petición de justicia, libertad y dignidad ha evolucionado hasta convertirse en una demanda global que cobra más fuerza cada día. El genio ha salido de la botella, y las fuerzas de la represión no pueden volverlo a meter».
Consulta el Informe Anual 2011 de Amnistía Internacional