Puesto que todos estuvimos ahí, no hay muchas incidencias que contar sobre nuestra primera Asamblea general de Insyde [Sala Cecilia Loria, Comisión de Derechos Humanos del DF, mayo 7, 2010]. Sin embargo, es bueno hacer una retrospectiva.
Las versiones anteriores habían sido formales, porque se trataba de que las diversas áreas de nuestro Instituto se integraran en un espacio cordial, sí, pero sobre todo institucional. Casi siempre Ernesto hacía notar en su mensaje de bienvenida que entre los objetivos centrales estaba el de que «cada área sepa lo que están haciendo las otras».
Claro, había oportunidades para la interacción no sólo profesional; en momentos, sobre todo algún nuevo integrante aprovechaba su turno para expresar lo que significaba para él de manera personal sumarse a la comunidad Insyde.
Esta vez la experiencia se invirtió. Así lo hizo notar el propio Ernesto en su discurso final. Siete años después de la fundación de Insyde, la Asamblea general cumplió su función habitual de lograr que los integrantes de cada área nos enteráramos con precisión de lo que están haciendo los demás, pero sobre todo nos aproximó a la manera como lo estamos viviendo.
Esta faceta vivencial de la comunidad Insyde tiene un sentido energético singular también por la grave crisis global que, como al resto de la sociedad, nos situó ante complejos desafíos de sobrevivencia. Fue claro que esa coyuntura no sólo nos hizo crecer numéricamente ─como de hecho ocurrió─ y nos hizo más fuertes, sino que sobre todo nos unió, dándonos como comunidad nuevo rostro. Eso fue evidente al final de la Asamblea.
La Asamblea, en la CDHDF. Más tarde, en el convivio.