
En un tono iracundo y pesimista, Adolfo Gilly reflexiona sobre el fraude electoral de 1988, el asesinato de cientos de activistas de izquierda durante el salinato, la represión contra los movimientos populares de Atenco y la APPO, la tragedia en la mina Pasta de Conchos y los políticos que firman lo que no piensan cumplir.
En su nuevo libro Historias clandestinas retrata «un país trágico en el que hay que tener mucha rabia, mucha ira, para salir a flote». Lo recomienda Edgar Baltazar: «A Gilly hay que leerlo, pero siempre teniendo en cuenta que más que un académico es un militante de la izquierda. Lo caracterizan sus reflexiones intensas, con un estilo literario y ese hablar desde la voz del pueblo que lo mismo le ha dado simpatizantes que detractores».
Historias clandestinas recopila artículos, ponencias, prólogos y otros textos ya públicos y que, según el autor, «es un paseo por la desesperanza», aunque para Edgar «toda esa desesperanza es precisamente la que termina por dar esperanza».
A leer, pues, sucumbamos a la rabia.
Adolfo Gilly.