En 2004, Susan Cooke encontró una cinta rotulada como All at sea mientras hacía el inventario del departamento neoyorkino de su padre, fallecido un año antes: contenía 15 minutos de una actuación inédita de Charles Chaplin, grabada en 1933 a bordo de su yate, El Panacea. Rarezas de este tipo componen la exposición «Chaplin en imágenes», del Centro Cultural Universitario (CCU) Tlatelolco, abierta al público hasta agosto [2010], una recomendación de Juan Rojas.
Son 300 documentos que, más que abordar la obra del director inglés, forman parte de una investigación sobre su faceta menos conocida: una vida amorosa atormentada, su obsesión por la perfección en la producción de sus películas y el sentimiento de culpa que le provocó ser, quizás, el primer gran personaje mediático de la historia.
Destacan la proyección de 35 cortos inéditos y la exposición de carteles cinematográficos originales, así como cuadernos de apuntes del cineasta. «Son testimonios gráficos sobre cómo su personaje del vagabundo se va desarrollando, cómo va cambiando su carácter y su propia configuración a través del tiempo, pero también una mirada al ser humano abrumado y sombrío», resume Juan Manuel Garibay, subdirector del CCU Tlatelolco.
Por ejemplo, añade Garibay, en All at sea ─el pequeño tesoro hallado en Nueva York─ aparece un Chaplin sentado junto a la proa, encogido, recogiendo sus rodillas con los brazos; así, 20 minutos. «Esto es Chaplin sin bombín».