
Gracias al exuberante paisaje de Villa Verdum y un sábado con espléndido clima, pero sobre todo a la gentil hospitalidad de Héctor, la Comunidad Insyde disfrutó de la más grata convivencia familiar [noviembre 6, 2010]. Claro, no fue algo casual: «Como estrategia organizacional, es muy importante este tipo de reuniones, porque propician la socialización, sobre todo con los compañeros nuevos; es una forma de compartir intereses fuera del ámbito laboral», explica Laura [Sánchez].
Zulia, una de nuestras investigadoras recién llegadas, lo constata al platicarnos que la convivencia «fue muy amena y se prestó para conocer un poco más a los compañeros y sus familias, además de que relaja un poco la rutina y la solemnidad del ambiente de trabajo».
Laura destaca también la exquisita comida, la buena música y «¡niños por todas partes!, lo que también es bonito porque varios de nosotros tenemos hijos de edades similares y estas convivencias favorecen la amistad no sólo entre quienes trabajamos directamente en Insyde; genera vínculos emotivos entre nuestros seres queridos, lo que fortalece de algún modo nuestra relación laboral».
Alejandro [Espriú], a su vez, comenta que «hay compañeros con quienes, por diversos motivos, casi no tenemos contacto, y ésta fue una buena oportunidad para saber en qué están trabajando, cómo van, y en el ámbito personal, compartir afinidades».
Y Marco dice que, bueno, la pasta de Claudia le hizo sucumbir sin demasiadas culpas a su inmemorial adicción… por las pastas; parafraseando al viejo «Corrido de Rosita Alvírez», confiesa con descaro que nomás tres platos comió.