Si uno googlea «Liu Xiaobo» no encontrará más que cuatro fotografías que se repiten por miles a través de los resultados. Lo que sorprende es la cantidad de imágenes en donde aparece su rostro en segundo plano: carteles, mantas y manos sosteniendo alguna de las cuatro fotos disponibles en internet: Liu Xiaobo ya no es sólo una persona, es un símbolo. Y eso, mucho antes de que le concedieran el Premio Nobel de la Paz 2010 [octubre 8, 2010].
Nació el 28 de diciembre de 1955 en Changchun, capital de la provincia de Jilin, en China. Apenas terminó la secundaria comenzó a trabajar en el campo y después en una empresa de construcción. Hasta ahí su futuro parecía no pintar.
Entonces llegó 1966 y la Revolución Cultural de Mao Tse-Tung. Diez años después, la vida de Liu dio un giro: fue admitido en la Universidad de Jilin para estudiar literatura china y más tarde cursó el posgrado de literatura en la Universidad Normal de Pekín, donde se doctoró.
Si bien ya mostraba ciertas reticencias contra el régimen autoritario chino, su activismo pleno comenzó en 1989: mientras trabajaba como profesor en la Universidad de Columbia [Nueva York], en su país se gestaba lo que pasaría a la historia como el mayor movimiento popular por la libertad y la democracia, y que culminó con la «noche sangrienta» de la Plaza de Tiananmen. Liu acabó abandonando su puesto académico para unirse al movimiento, surgido en las entrañas de las bases estudiantiles.
Tras la matanza de civiles indefensos en Tiananmen [junio 4, 1989], fue encarcelado durante 20 meses, acusado de «contrarrevolucionario», y al ser liberado se le prohibió ocupar cualquier cargo académico.
A partir de ese momento escribió reflexiones contra el régimen que finalmente calaron en el Partido Comunista Chino: el 8 de diciembre de 2008 fue arrestado nuevamente, esta vez por la incomodidad que provocó su Carta 08, en la que reclamaba democracia plena para China. En un juicio de tres horas, fue condenado a 11 años de prisión.
Ahora es héroe y villano. Para la mayoría, gran símbolo de la lucha por instaurar Estados democráticos en el mundo. Para otros, entre ellos el propio gobierno chino y sus aliados, «un separatista» y «un criminal», «una obscenidad contra el Premio Nobel de la Paz».